PLANIFICACION CULTURAL DE LAS ESCUELAS RURALES

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PLANIFICACION CULTURAL DE LAS ESCUELAS RURALES

Mensaje  Admin el Lun Oct 15, 2007 12:38 am

LA PLANIFICACIÓN CULTURAL EN EL CONTEXTO DE LA ESCUELA BÁSICA RURAL. APORTE TEÓRICO PARA LA COMPRENSIÓN DE LA CULTURA POPULAR.


La sociedad humana es el más complejo y acabado cuerpo de convivencia social que se conoce; en ésta se construye y expresa el hombre en todas sus manifestaciones antropocéntricas, por lo tanto, la vida en sociedad está fundamentada con la construcción permanente de la complejidad educativa y cultural como expresión integradora de lo representativo, real y espíritu de la existencia humana.
Entonces, la cultura y la educación son manifestaciones sociales que asumen connotaciones particulares en la medida en que evoluciona el pensamiento humano y se progresa en el orden civilizatorio. De este modo, cultura y educación, son ciertamente expresiones de la vida en sociedad, cuyos orígenes y finalidades son de naturaleza humana, histórica e ideológica. En este sentido, la dimensión de la cultura humana como derivación de todo pensamiento y acción del hombre, tal como lo plantea Delgado (2000: 14), atañe a las múltiples elaboraciones acerca del mundo en su conjunto y al proceso de la cognición humana en general que le permite transformar la naturaleza para la cohabilitación en un cuerpo social donde satisface sus necesidades individuales y colectivas.
Conforme a este planteamiento, la educación y la cultura son fenómenos que se expresan y conectan en forma indisoluble, puesto que son manifestaciones que denotan aspiraciones, modos de pensar, actuar y crear conforme a ciertos códigos, referentes y valores que se construyen para la convivencia social. Es por ello, que para cada pueblo, los derechos que estos poseen sobre sus acervos culturales residen esencialmente en el poder mantener, hacer, rehacer, desarrollar y divulgar sus propios valores identitarios y existenciales. Por estas razones, uno de los grandes desafíos por los que atraviesan la educación de este tiempo, es resolver el dilema de conciliar la preservación de los valores sociales y culturales locales existentes, con la capacidad político - institucional de los estados para crear nuevos espacios de reflexión colectiva en el marco de una sociedad global en permanente mutación. Para Fuentes, citado por Arellano (1998), un hecho cultural simboliza:

Toda una manera de ser, implica como somos, que podemos hacer, y que nos falta por hacer. La cultura es la respuesta a los desafíos de la existencia del hombre, en tanto la continuidad cultural de los seres humanos, es tanto una condición, como un compromiso con la sociedad (p. 328).

En consecuencia con esta referencia, el sistema educativo de un país, en todos sus niveles y modalidades debe ofrecer oportunidades para contribuir a mejorar en el individuo su formación integral, donde se junte lo físico, intelectual, moral y artístico para despertar en éste, inquietudes y motivaciones que lo conduzcan a la preservación, rescate, divulgación y promoción de los valores y manifestaciones culturales populares como mecanismos naturales para el afianzamiento de su identidad personal y comunitaria.
De lo que se trata es de asignarle relevancia desde la educación al hecho cultural que se construye y proyecta en la comunidad local; allí en estos espacios donde coexisten escuela y comunidad, tal y como lo refiere Guerrero (2000), “es necesario abonar y cultivar todos los elementos de las denominadas culturas resistentes y las capacidades de producción ahora desestimadas” (p. 23). Entonces, para comprender la cultura popular en el contexto de la Educación Básica Rural, es necesario repensar y replantear las relaciones ontológicas existentes entre individuo, educación y comunidad, para planificar la acción cultural y educativa y educativa desde una perspectiva participativa y estratégica, tomando como base las vivencias de los actores, los conocimientos teóricos sustentados, sus mapas cognitivos construidos, tanto individual, como colectivamente, los cuales deben nutrir una nueva praxis educativa que apunte hacia la dignificación del ser humano como persona. Por estas razones, planificar la acción cultural y educativa según Lozada y Lara (2001), implica:
Reorientar principios e intereses de los actores para resolver problemas y desarrollar políticas, planes y proyectos sociales y culturales, que permitan ampliar e incorporar múltiples visiones sobre la realidad, y al mismo tiempo asumir con sentido de pertenencia el liderazgo dentro de la comunidad y su contexto para transformarla (p. 41)

Conforme a esta implicación, la planificación de la acción cultural y educativa debe ser participativa y por proyectos, construidos sobre el diálogo y el consenso, lo cual debe ser visto como una estrategia de acción comunitaria. De este modo, el proyecto, su diseño y ejecución debe ser el componente fundamental de una nueva metodología para abordar las actividades de la escuela y su vínculo con la comunidad desde una perspectiva estratégica, siempre y cuando su ejecución y evaluación se asuman en el concierto de la comprensión de la fenomenología cultural que subyace en un determinado contexto social.
Para la Confederación Mundial sobre las Políticas Culturales (2002), el concepto de cultura se imbrica ineludiblemente en lo social educativo y los dilemas de valores de las comunidades, pues:

La cultura puede considerarse como el conjunto de los rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan una sociedad a un grupo social. Ella engloba además, de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales del ser humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias (p. 4).

Entonces, la planificación de la acción educativa y pedagogía no puede circunscribirse sólo a la rigidez de los contenidos curriculares y programáticos, sino que esta debe estar impregnada de forma transversal de los más importantes referentes sociales y culturales que modelan la convivencia de los grupos humanos.
Ello supone, abordar el acto pedagógico y la construcción de aprendizajes desde la sabiduría popular y los valores sociales y comunitarios los cuales operan como orientadores de toda experiencia etnográfica; por lo tanto la cultura popular debe ser repensada, valorada, aprendida y comprendida por todos los actores que conforman el espacio de la Escuela Básica Rural.
Ahora bien, aunque la cultura se construye y permanece en el tiempo, siempre será necesario planificarla, puesto que, el hombre es parte de la historia y está evolucionando en todas sus manifestaciones; entonces, aceptar ser parte de la realidad que se planifica es una manera de estar alerta y de percibir con mayor cercanía los cambios bruscos del entorno (Guédez, 2001: 73).
De modo tal, que la planificación de la acción cultural y educativa, es un compromiso social que debe ser abordado desde la escuela, asumiéndola desde el currículum y desarrollado a través del eje transversal valores en forma participativa con los actores comunitarios, con visión estratégica para hacer posible que lo educativo y lo cultural se junten en un solo plano de la existencia social del individuo. Es por eso que Roldan y otros (1999), refieren en su discurso acerca de las relaciones ontológicas existentes entre individuo, valores y capacidades para la comprensión de la cultura.

El verdadero contenido de la cultura lo constituye el desarrollo del individuo como sujeto social, el desarrollo de sus fuerzas creadoras, de sus relaciones y necesidades, de sus capacidades y formas de comunicación. Así, el currículum se nutre, no sólo de la cultura y los valores universales, sino de la actividad que realiza el ser humano para enfrentar su realidad; para que ésta adquiera significado y relevancia el individuo debe valorar la cotidianidad y los estilos de vida; ello implica, capturar puntos de socialización familiar y comunitaria, puesto que sólo entendiendo su propia cultura, podrá aproximase a entender la lógica de la cultura de otros (p. 43).

Conforme a esta referencia, la escuela básica del medio rural, como espacio para la reproducción de la sociedad y de la sabiduría popular, debe afrontar desde el currículum, y desde la praxis cotidiana del docente, el conocimiento de lo que el pueblo sabe, y de lo que el niño trae de su hogar y comunidad, con el fin de revalorarlo y avanzar hacia un aprendizaje pleno de elementos que subyacen en la cultura popular que se construye en la convivencia comunitaria. En relación con las culturas populares, acota Isea (1995):

Cuando se habla de ellas, se está haciendo referencia a las culturas que realizan los sectores del país, en cualquiera de sus variantes; tradicionales y contemporáneas, criollas (folklore) y étnicas (indígenas, afro-venezolanas y coro-venezolanas), rurales y urbanas; de costa, llano y montaña, y no a todos los elementos que ellas actualmente contienen, sino a los fines y valores propuestos como ideales de una nueva sociedad (p. 71).

En efecto, la presente acotación permite inferir, que la cultura popular encarna un conjunto de manifestaciones sociales de naturaleza antropocéntrica, que se anidan en el cuerpo social de generación en generación y constituye un acervo histórico y una fuente de sabiduría para nutrir lo educativo y valorarlo desde una perspectiva transversal, razón por la cual, es necesario comprenderla y modelarla para educar la condición humana y afianzar el concepto de identidad, de pueblo y de comunidad.
Con base en estos planteamientos, se deriva que la cultura popular contiene en sí misma, un saber comunitario colectivo acumulado como una especie de memoria social en reserva, lo cual debe ser tomada en cuenta y comprendida por la escuela básica desde el currículum, puesto que el hecho cultural no es sólo una dimensión cognitiva del ser humano, sino que éste se constituye en un referente ordenador de las relaciones existentes entre individuo, educación y sociedad.
Por estas razones los actores del proceso educativo en el contexto de la educación básica del medio rural (directivos, docentes, alumnos, padres, representantes y actores comunitarios), deben propiciar una relación pedagógica fecunda para construir experiencias de aprendizaje impregnadas de saber colectivo, transversal y popular.
No obstante, todos estos planteamientos formulados acerca de la planificación de la acción cultural y educativa y la comprensión de la cultura, pareciera existir una incomprensión por parte de los actores educativos de la fenomenología cultural y popular, puesto que según García (1999), el balance de la responsabilidad del estado en materia de cultura popular tradicional y su vinculación con la educación básica es desolador, por cuanto, “... el triste balance institucional es que en la madrugada del Siglo XXI, el binomio, cultura – Educación Básica Venezolana, es la gran incomprendida por parte de los gerentes culturales y educativos del país” (p. 52).
Obviamente, esta suerte de abandono de la cultura popular, según el citado autor, comienza por una desestimación por parte del Estado Venezolano, que “invisibilizó las configuraciones culturales distintas de cada localidad y regiones, puesto que en los planes de la nación, tanto para el sector cultura, como educación, las culturas tradicionales regionales y locales quedaron excluidas” (p. 52).
Planteadas las cosas de esta forma, la problemática asociada a la incomprensión de la cultura popular pareciera tener su origen, en los más altos niveles de la gerencia y planificación educativa y cultural del país, lo cual se proyecta, obviamente hasta la base de la pirámide educativa, como lo es la Escuela Básica. Por estas razones, es necesario repensar estos temas para invertir la direccionalidad de la planificación educativa normativa y abordar la comprensión de la cultura popular en el contexto de la Escuela Básica Rural, desde la perspectiva de la planificación estratégica local como espacio para la construcción colectiva de aprendizajes a través de un proceso de interacción que se desarrolle desde la cotidianidad.
De acuerdo con estos planteamientos, la problemática que sustenta la presente investigación doctoral, se sitúa en el plano de la incomprensión de la cultura popular como fenomenología social y educativa, dado que los actores comprometidos con el hecho educativo y cultural no asumen la planificación estratégica como herramienta para vincular las acciones pedagógicas con la praxeología de la cultura popular en el contexto de la Escuela Básica Rural.

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